Sobre las 30 belugas que viven en el parque acuático de Marineland, en Ontario (Canadá), pesa una amenaza de muerte, que, de momento, han conseguido esquivar. El centro de entretenimiento cerró sus puertas en 2024 debido al bajón de visitantes y los propietarios aseguran que no se pueden hacer cargo de ellas. Mientras tanto, dos orcas permanecen en Antibes (Francia) en un limbo incierto a la espera de que se defina su futuro después del cierre de otro acuario, también de Marineland. Estos casos evidencian que, incluso en países con leyes de bienestar animal avanzadas, dichas normas se quedan cortas a la hora de garantizar el futuro de los cetáceos una vez que los gobiernos prohíben su exhibición o los establecimientos cesan su actividad por causas económicas u otros motivos.
