El movimiento de la generación Z agitó al Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Mientras el fenómeno que llamaba a manifestarse en todo el país apenas se formaba en las redes sociales, el asesinato del alcalde de Uruapan Carlos Manzo, terminó de avivar la conversación alrededor de la convocatoria y le añadió un componente político imprevisible. Sheinbaum desestimó desde el inicio la legitimidad al presentar una investigación que vinculaba la movilización a una “estrategia digital articulada” con participación de bots, influencers, políticos ligados a la oposición y el empresario Ricardo Salinas Pliego. Ese discurso, sin embargo, no ha calado en la mayoría de la opinión pública. La última encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio, arroja que más de la mitad de los mexicanos (56%) afirma que se trató de iniciativas genuinas de protesta, frente a un 34% que las atribuye a una manipulación política.
