Lo primero de todo: ¿cómo están los máquinas? Que no, hombre, que es broma. Dejemos en paz a san David Bisbal hasta que empiece a torturarnos las Navidades con El burrito sabanero y nos den ganas de cancelarlo hasta la próxima canción del verano. Tampoco es este otro artículo sobre Rosalía, santa de todas las devociones desde que su último milagro, digo disco, Lux, haya sido puesto de obra maestra para arriba y se haya convertido en pecado sacarle un pero. Personalmente, no me decanto. Lo mismo me oigo berrear sola con Bulería que se me caen los lagrimones con Berghain si me las echan por la radio. En el arte no tengo más criterio que el de que me provoque algo, lo que sea, menos tedio. Y para todo hay momentos en el día y en la vida. No. Esto no va de buenos ni malos artistas, sino del falso dilema entre alta y baja cultura y de la falta de cintura de algunos para encajar las críticas.
