Creo que fue Juan Antonio Palomino, el tuitero conocido como Van Palomaain, muerto en el accidente de tren de Angrois en 2014, el que dijo que al Madrid hay que venir a entrenarlo soltero. Se refería Van Palomaain a que ese banquillo no lo soporta ni el Mick Jagger de los 60: después de dos meses en el Bernabéu se cortaría el pelo y se matricularía en Derecho. Es probable que Alonso —casado y de cultura futbolística cosmopolita, que encontró el éxito abrumador como entrenador en un club, el Bayer Leverkusen, que no esperaba todo lo que el vasco le dio— haya calculado mal la presión asfixiante e insólita del club que mejor conoce de todos, y a quien dedicó años de juego y estudio. Es probable, digo, que hasta Alonso, un tipo inteligente, de carácter, que ha dado pocos o ningún paso en falso en su carrera, creyese en verano estar preparado para la empresa más grande de cualquier entrenador, que es ponerse al frente del Real Madrid. El secreto, sin embargo, es llegar al Madrid sabiendo que nadie lo está, que nadie dura aquí más de tres años seguidos sin que le cueste la juventud o la cordura.
